El Gobierno de Cuba se enfrenta a la posibilidad de que la isla, poco más de un mes después de la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, quede al borde de un «desabastecimiento agudo de combustible». En una inusual comparecencia televisiva del 05 de febrero, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, reconoció que la situación energética es «compleja» y que, tras el cierre del grifo desde Caracas, los cubanos van a «vivir tiempos difíciles (…), muy difíciles». No es para menos. Por una parte, la isla no ha recibido combustible desde el exterior desde el pasado diciembre. De igual forma, dos terceras partes del combustible que precisa el país debe ser importado. Al respecto, Díaz-Canel reconoció dos puntos que dejan entrever la agudeza de la crisis. Se limitó a asegurar que La Habana no renunciará «a recibir combustible» del exterior y que está «haciendo todas las gestiones para que el país pueda tener de nuevo ingresos de combustible».
«Es asfixiarnos completamente», agregó. Resaltó que las medidas estadounidenses van a «afectar la transportación de alimentos, la producción de alimentos, el transporte público, el funcionamiento de los hospitales, de instituciones de todo tipo, de las escuelas, la producción de la economía, el turismo,..». Ante ese escenario, el mandatario añadió que el Gobierno adoptó una serie de medidas de emergencia que retoma como referencia las «indicaciones» del expresidente Fidel Castro durante el llamado Periodo Especial, la depresión que supuso para la isla la caída del bloque soviético. Díaz-Canrevivió el concepto de la «opción cero», un plan de supervivencia ante un escenario de «cero petróleo» importado que implicó un racionamiento extremo, autosuficiencia alimentaria, el uso de tracción animal, carbón vegetal para cocinar y transporte no motorizado, entre otras medidas. «Están contempladas (alguna de esas medidas), también actualizadas porque hay situaciones diferentes en estas directivas», agregó el mandatario.