El hambre, las discriminaciones, los abusos y saqueos de sus países, así como las imposiciones por la fuerza y los crímenes masivos descarados, deben terminar. ¡Basta de hipocresía y cinismo! Las nuevas sanciones ilegales que aplican a países empobrecidos constituyen un crimen flagrante y una máxima ofensa a las leyes de Dios, y ningún organismo de naciones ha podido, o no ha querido obligar al imperio nacido al calor del término de la segunda guerra europea, o mundial, a cumplir las 33 Resoluciones de la ONU para que se pare el genocidio contra una Isla y otros países habitados en su mayoría por descendientes auténticos de la raza que Él creó y que es una sola, representada por todos los pueblos, porque es mentira que haya un solo pueblo de Dios, o sería Dios injusto con los demás. Esto no sólo es increíble, sino que produce asco a todo ser humano normal, ya que deben ser respetados los derechos inclaudicables de las naciones por la hegemonía diabólica que pretende manejar el mundo a su antojo, a pesar de que pregona ser una democracia ejemplar cuyos actores son practicantes de las más aberrantes conductas humanas que, cínicamente, vienen practicando. A Dios elevo mis suplicas para que ilumine y ayude a los pueblos del mundo para liberarse de esos sujetos criminales que se disfrazan de seres humanos y se organizan en grupos para someter a los demás. La hora de los pueblos subordinados terminó. La amenaza de Trump choca contra la dignidad del pueblo cubano.
«Los pueblos están cansados de escuchar insultos y promesas».
Por Jairo H. Pertuz Periodista, escritor, analista y catedrático.