El Estado tiene la obligación de ir más allá de acompañar. El esfuerzo diplomático debe traducirse en resultados concretos, no solo en constataciones. Reconocer el acierto inicial no impide exigir más. Confirmar su estado, verificar condiciones y abrir canales de diálogo era el primer paso indispensable. La visita, por sí sola, no resuelve el problema de fondo: diez ciudadanos siguen privados de libertad en un sistema donde los tiempos son inciertos y las decisiones, opacas. Debe asegurar una defensa efectiva y trabajar activamente por una salida que permita su retorno al país. Bien hizo el canciller al viajar a Cuba. Pero no puede ser el último. Porque en estos casos, la verdadera medida del compromiso no es la presencia, sino el desenlace. En un caso sensible como el de los panameños detenidos en La Habana, la presencia directa del Estado es necesaria y envía una señal correcta: no están solos.
La diplomática debe traducirse en resultados: el caso de los panameños en La Habana
El canciller de Panamá visitó Cuba en relación con los ciudadanos detenidos. Sin embargo, un solo viaje no es suficiente. El Estado debe garantizar su protección y lograr su retorno al país, ya que diez personas siguen privadas de libertad en medio de la incertidumbre.